Cuidar del sufrimiento, como una madre a su hijo. Por respeto a la maternidad y la crianza.

abrazando toddlerHace un tiempito una mamá publicó una consulta en Maternar en Tribu y surgió entre ella y yo una interesante conversación. Ni bien leí su consulta sentí el deseo de apoyarla y me demoré un par de días porque entendía que estaba consultando con gran sinceridad y en una situación realmente difícil. Tuve la grata sorpresa de hallar una mujer inteligente, capaz y sumamente humilde. Como se dio en Facebook de forma pública y como realmente admiro a esta mamá, su sinceridad y su valentía, comparto aquí nuestro intercambio con la confianza de que a más personas les pueda ser de ayuda. ¡Gracias Vanesa!

“Hola chicas, las sigo hace bastante, las encontré en la busqueda de modelos de crianza con apego…. porque la verdad hay poco y me siento perdida con algunas cosas. Tengo dos hijos, un varón de 4 años y medio que nació de 30 semanas de gestacion y estuvo dos meses internado, en los cuales leí cantidad de cosas y llegué a las lecturas de cianza con apego; un poco por necesidad y no saber las cosas de otra manera practicamos colecho (tenía apneas, entonces era una manera de controlarlo) y hasta enero de 2014 durmió conmigo, ahora lo hace en su cuarto con su papi en una camita al lado porque tiene muchas pesadillas y terrores nocturnos. Tambien tengo una niña de 22 meses que todavía toma teta y duerme conmigo… Sí, con mi marido hace más de 4 años que dormimos separados, la niña todavía no se ha largado a caminar y estamos preocupados, físicamente no tiene nada pero ya ha relacionado el caminar con andar de rodillas y es muy costoso que se quiera parar porque de rodillas…. hasta corre libre y con sus manos desocupadas. Ademas me es costoso poder entrevistarme con profesionales que estén de acuerdo o, al menos, respeten mi manera de criar, siempre me siento juzgada. Mi cuestionamiento es…. hasta donde los dejamos “hacer” y cuando tenemos que incidir y “empujar” un poco. Siempre fui de la idea de que ellos marquen un poco el ritmo de las cosas pero ahora me encuentro con un niño de 4 años que usa pañal para hacer caca y no quiere dejarlo, una niña que no duerme de corrido y tetea toda la noche. Estoy desgastada físicamente y pienso que no quisiera equivocar el camino y convertir la crianza con apego es un no dejar crecer a mis hijos. Perdonen lo largo del mensaje pero me encuentro en esos momentos dificiles de la crianza…”

Querida Vanesa, valoro enormemente tu coraje y tu sinceridad en tu consulta y tu pedido de ayuda. No me queda ninguna duda de que estás queriendo hacer lo mejor por tus hijos y que lo vas a lograr.
Respiro profundo, siento tu dificultad, tus dudas y tu búsqueda con el corazón y desde ese lugar te escribo: Trabajo con primera infancia y madres con el enfoque de educación libre y he visto muchas veces mamás con bebés de 18 meses hasta 3 años que llegan totalmente extenuadas por haber querido aplicar las ideas de crianza con apego. ¿De dónde surge este concepto? Después de la segunda guerra en Inglaterra contrataron a un especialista para que investigara el motivo de la alta mortandad infantil de niños muy pequeños que habían quedado huérfanos. John Bowlby realizó esta tarea y descubrió que los niños pequeños para poder desarrollarse en forma sana y equilibrada necesitan del apego. Pero no todo el apego es igual. Existe el apego seguro que se basa en una respuesta amorosa, atenta y respetuosa de parte del adulto para con el niño y sus necesidades, donde se legitiman sus sentimientos y se le brinda el tiempo que necesita para dearrollarse en forma armoniosa, con confianza en sus capacidades. Pero también están el apego inseguro y el apego ausente. Estas dos figuras de apego dejan más o menos huellas en el desarrollo de los niños y están realacionadas con la falta de registro de las necesidades del bebé, con la inconstancia en la atención de estas necesidades, con las reacciones extremas en el vínculo (a veces puro amor, a veces pura bronca, por ejemplo) y obviamente con el abandono, la violencia física, etc. Ahora bien, un pediatra estadounidense, el Dr. Sears, tomó algo de estas ideas y creó el concepto de crianza con apego (AP – Attachment Parenting) y se hizo millonario con esto, se hizo muy, muy famoso. Pero su mirada no está basada más que en eso: en su mirada y si bien ahora hay un movimiento enorme en torno a sus ideas, el concepto original no tiene mucha más fundamentación que avale su prouesta. La idea de crianza con apego que ha llegado a Argentina desde hace unos 15 años cada vez con más fuerza es en muy buena medida una derviación del AP y no estrictamente de los aportes de Bowlby (ojalá así fuera!).
El tema es que una lee los principios de attachment parenting (así como una lee a Laura Gutman) y dice: sí esto es lógico. Mi pregunta es: ¿que algo tenga lógica lo vuelve cierto y valioso? ¡No! La lógica es una característica de la razón y el intelecto y se han hecho atrocidades en nombre de la lógica porque tiende a favorecer pensamientos muy extremos y autofundamentados (fundamentalistas).
A mi modo de ver la crianza, es una característica del ser, del corazón y de las vísceras, de la intuición. Y exiten otras lógicas para maternar, más sanas, mucho más sanas que las de la crianza con apego fundamentalista. Sé que a muchas mamás, como le pasó a mi amiga, Gutman las ayudó muchisimo a entenderse, a entender por qué actúan de tal o cual manera ante ciertas situaciones, a ver como la forma en la que las crió su mamá influye tantísimo en su ser todo. Pero si a una la agarra con un sentimiento de autoexigencia, de culpa o de dolor, el efecto es el inverso.

Entonces te propongo que te des la oportunidad de revisar el inicio de la lógica que implementaste al querer criar a tus hijos con apego. ¿Qué fue lo que te motivó y te sigue motivando? Es sin dudas el deseo de hacer lo mejor para tus hijos. También fue la duda de no saber bien cómo hacerlo, de querer tomar de la experiencia de otros que pudieran aportar a tu saber maternar. Si lo que venís haciendo te das cuenta que no está resultando es muy probable que esa ayuda que buscaste en ideas ajenas te haya desviado de tu propio sentido común, de tu intuición que es la lógica del corazón. Entonces leemos que “los hijos reflejan la propia sombra” y caemos en la tremenda trampa de dejar de ver a nuestros hijos tal cual son porque empezamos a querer vernos a nosotras mismas en ellos, a entender nuestras zonas ocultas en sus dificultades y dolores. Así vamos a una terapia del grupo de Gutman y nos damos cuenta que nos hablan de nosotras en vez de permitirnos ver a nuestros hijos y la cancha se embarra cada vez más y más. Para algunas de nosotras tomar a Gutman al pie de la letra ha hecho que nuestros hijos se vuelvan invisibles, meros objetos reflectivos que redirigen la mirada hacia madres cada vez más perdidas y menos empoderadas. Y esto es auténticamente peligroso para ellas, para su maternar y para sus hijos.
Es duro decir esto, pero mucho más duro es el sufrimiento y abandono emocional en el que quedan tantas madres tras tratar de aplicar los principios y las ideas de crianza con apego derivados en gran medida de los libros de Laura Gutman: ¿acaso no será este movimiento una manipulación masiva de la vulnerabilidad en que nos encontramos las madres en el puerperio y los primeros años de crianza para vender millones de libros y ganar fortunas? Me duele en el alma, pero creo que sí, que hay algo de eso.
Entonces, así vulneradas y completamente drenadas, luchamos por sostener o resignificar un estilo de crianza que a claras vistas no nos está ayudando a nosotras ni a nuestros hijos. Básicamente porque el requisito de crianza con apego mal entendido apela a una entrega total de la madre, a una volatilización de sus necesidades y anhelos, a una negación de su ser. ¿Cómo puede una mujer maternar habiendo sido vapulada de este modo??? Esto es un auténtico maltrato psíquico y emocional. Así las cosas, las madres comenzamos a cultivar sentimientos muy profundos de rencor y resentimiento por la enorme demanda que nuestros hijos representan y como los amamos con todo el corazón redirigimos ese sentimiento hacia nosotras mismas: “soy yo, nos decimos, es mi sombra la que les está haciendo mal”.
Anhelo y trabajo para que las madres recuperemos nuestra soberanía, nuestro saber hacer, que nos podamos volver hacia nuestras propias raíces, que podamos mirar a nuestras propias madres y asentir a lo que ellas pudieron brindarnos (por más que haya sido solo la vida y nada más que eso) y desde esa enorme fuerza de Amor, podamos volvernos hacia nuestros hijos y sentirnos plenamente capaces. Porque lo somos. Porque no nos falta nada para poder serlo, solo darnos cuenta de que estamos listas y al mirar a nuestros hijos decirles: “hijo, te veo, te acepto y te permito ser, con respeto. Confío en vos” (…confío en que podés aprender a dormir, a comer, a caminar, a hablar, a SER). Y esta confianza me permite tomar una distancia saludable y ofrecerte límites. No creo que haya un mensaje de apego seguro más poderoso que este. Si querés podés leer este artículo donde desarrollo un poco más esta idea, para no seguir extendiéndome acá. Con mucho amor, Fernanda.

A esto Vanesa respondió contando cuán difícil había sido la situación de internación del bebé que nació prematuro y cómo en ese momento llegó a las lecturas de crianza con apego y de Laura Gutman. También me contó sobre su hijita menor que no anda de pie y de su preocupación porque el nene, ya de 4 años, no puede hacer caca si no es en el pañal. Lamentablemente no encuentro esa parte de su respuesta, por eso la parafraseo.

Hola Vane, ¿sabés cuánto te entiendo? Yo también tengo un Juan, nuestro hijo mayor, que estuvo internado en terapia de bebé. Y quise con todo mi corazón que no sufriera, quise abrazarlo y quedármelo para mi, para que nada en el mundo le pasara, y ahí fue cuando me abri a los libros de Gutman desde la vulnerabilidad, no desde mi propia fortaleza. Y me ha llevado muchos años desandar el camino de la pérdida de confianza en la vida y en la fortaleza de mi hijo, en su capacidad para frustrarse, para sufrir y salir fortalecido de eso. Decí que él es tan sabio… todos nuestros hijos lo son. Lo del pañal no creo sinceramente que sea un problema grave, conozco muchos niños que necesitan hacer caca en el pañal hasta más grandes aun y no hay nada más que eso. Más interesante para acompañar de cerca me parece el tema del andar de tu pequeñita. Pero básicamente, desde mi experiencia como madre y como profesional, creo que ya estás muy encaminada y que tal vez solo te falta una pequeña llave mágica: mirar a tu hijo debatirse ante su dificultad (su miedo nocturno, su miedo a soltar su caca) y decirle: “Hijo, te veo y te acepto tal como sos. No voy a acallar tu llanto, no te voy a consolar, no te voy a remover los obstáculos y las frustraciones del mundo; te voy a acompañar y a sostener para que puedas hacerlo por vos mismo. Porque confío. Confío en el ser pleno que sos”. ¿Sabés la satisfacción que siente un hijo cuando es mirado y tratado de este modo? Y la satisfacción que sentimos los padres al ver a nuestros hijos volverse más y más capaces de lidiar con el sufrimiento, con las frustraciones y con los límites en general… ¡ah, no tiene precio! Así desarrollan una autonomía emocional. En vez de seguir buscando en nuestros hijos el reflejo de nuestra propia sombra damos vuelta la escena: nosotros nos volvemos en espejos donde ellos pueden verse a sí mismos. Te dejo este video de Thich Nath Hahn, creo que te puede gustar: he aquí como cuidar de nuestro sufrimiento como una madre cuida a su propio hijo.  Un abrazo, Fer

Vanesa contestó: Leí el articulo y me fascino! ademas justo estoy en plena lectura de la educación waldorf (soy Lic. en Educación) y en la búsqueda de otro tipo de crecimiento para mis hijos… ¿sabés que me pasa? Tengo temor, vivo con temor: a hacerles mal, a equivocarme, me cuesta acompañar sus frustraciones sin solucionarles el problema, me parece que si mis hijos lloran en plena calle todos van a decir:  “¡¡que mala madre!!”. Más de una vez traté de que Juan durmiera solo y lloró TAN ANGUSTIADAMENTE que terminaba con él hasta que decidí colechar y dejarme de tantos intentos, ahora a la siesta duerme solo en su cama, en su cuarto… pero la noche todavía es tirana para él (y para mi). Respecto de Pilar recién salimos con mi marido a dar una vuelta y la incitó él a caminar y sí… le da otra seguridad… agarrada del padre subió y bajo escaleras, rampas y hasta lloró como chanchita cuando entramos en casa… hay algo en mi… inseguridad que manejo muy mal. ¡¡Mil gracias!!!! Me encanta todo lo que escribís y lo que me estas compartiendo. ¡¡GRACIAS!!

Querdia Vane, una cosa es la opinión de los otros, que piensen lo que se les cante. Otra cosa es la valoración que tenemos sobre nosotras mismas. Eso es lo que importa. Y nuestros hijos, por amor a ellos en realidad, nos ayudan a crecer en amor y confianza, a sanar lo que viene quedando pendiente, para no traspasárselo a ellos. Creo que ya encontraste la llave mágica de la que te hablaba: si, tenemos miedo. Pero por amor a ellos, nos sobreponemos. Creo sinceramente que la mejor manera de maternar es fortalecernos a nosotras mismas, hacernos cargo del auténtico deseo de nuestro corazón e ir por ello. Así, desde la libertad que experimentamos al ser auténticamente nosotras mismas podemos liberar a nuestros hijos para que sean auténticamente ellos mismos. Y cuando los vemos sufrir, cuando los vemos frustrados, no los arrancamos de su dolor. Los cuidamos, validamos su sufrimiento en vez de querer camuflarlo con “dulces” bajo la forma de todo tipo de distracciones y consuelos. Miramos a nuestro hijo debatirse porque no puede abrir la tapa de un tarro, porque no puede seguir jugando en lo de abuela ya que todos están en el auto, porque se cayó y está asustado, porque no lo dejamos seguir tirando al piso los huevos de la heladera o que le digamos que vamos a acompañarlo para que aprenda a dormir solo con confianza en su cama y se enoja, se tira al piso, patalea CON TANTA ANGUSTIA. Y en ese momento la clave es preguntarse: ¿Qué será de verdad, pero DE VERDAD, lo que está necesitando? Que lo pongamos a la teta, que le digamos “no es nada”, que shusheeemos y o alcemos y balanceemos sin parar?… Te garantizo que no. Hasta es una falta de respeto a veces. ¿O acaso a nosotros no nos pone locos que nos digan “no es nada, tranquilizate” cuando estamos enojados y frustados? ¿Y por qué la emoción de un niño no debería tener el mismo nivel de relevancia? Lo que de verdad necesitan es que alguien les diga: te entiendo, te pasó algo que no te gustó, estoy aquí para cuidar de tu sufrimiento, “como una madre a su hijo”. ¿Sabés qué es lo que pasa entonces? El chico se tranquiliza en el acto. Porque estamos validando lo que siente, incluso si junto con eso viene un límite que nosotras mismas les estamos poniendo. Pero los podemos entender, con auténtica compasión y respeto. Ese es, creo yo, el gran secreto.

 

 

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4 Comments

  1. que similares sentimientos tenemos las madres… me siento tan identificada con las palabras de Vane, tantas veces he sentido miedo, he mirado hacia los costado, he escuchado tantas voces que me indicaban que hacer. y yo les hacia caso aunque en mi interior no estaba de acuerdo. mi intuición siempre me ha dicho que hacer, pero muchas veces no la escuche por miedo a equivocarme… hasta que apareció esa hermosa palabrita tan justa “CONFIANZA” EN MI Y EN MI HIJA … y ahí todo empezó a fluir, de apoco… pero empezó. Quizás el que haya tantos libros y tantos expertos en crianzas que nos quieren enseñar “como actuar”, hacen que en cierta medida ,nos olvidemos de nuestra esencia de madre, del registro que esta en nosotras, ese adn innato que sabrá como actuar en el momento que lo necesitemos. Aprendí en estos mas de 3 años de madre , que lo mas importante es tenerme confianza y crecer junto a mi hija.

  2. Uffffffffffffffffffffff! impecable! qué difícil es recorrer el camino del empoderamiento, darnos cuenta que no hay una recete cierta. Que el gran secreto y la llave, es aprender a ver a nuestros hijos. Verlos, descubrirlos, dejarlos desplegarse, explorar, equivocarse, con gran respeto y compañía amorosa, con límites que contengan o impulsen, según sea el caso. Encontrar el equilibrio de lo que es adecuado para mi niño, para mi familia, para mí. Ni Waldorf, ni Montessori, ni Pesta… nada es garantía de nada, sino se acompaña con sentido común, criterio, coherencia, entrega, corazón, compasión (por una misma también!!)
    Si sirve de consuelo mi niño utilizó el pañal para hacer caca pasados los cuatro, y lo esperé y lo ayudé y confié en él, recorrimos juntos un camino en el que venció el solito su miedo, acompañado, por supuesto, yo estaba ahí tomandolo de la mano (y ojo que el aroma no era muy romántico!)
    Además creo que hay que lograr esa síntesis en donde el niño sea una prioridad, sin desmedro de su madre/padre/cuidador. Si queremos respetar amorosamente, tenemos que empezar por nosotras mismas. Y así entrar en este fluir, en donde nada está escrito, en donde vamos creando opciones, descubriendo caminos y también ensayamos uno que otro (o muchos) libritos…
    También fue muy importante para mí no aislarme, compartir experiencias, escuchar a otras madres… a veces es muy solitario el camino y la tribu (familia, amigas, conocidas, foros, lo que te guste) suele ser muy reconfortantes.
    Gracias por compartirlo!

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