Dos recetas para volverse joven. Una funciona.

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Opción 1:

Ser Brad Pitt protagonizando a Benjamin Button*.

Opción 2:

Ser auténticamente quien uno es**.

*requiere alto presupuesto de producción y contar con un rostro que socialmente se considere como el Adonis de todos los tiempos. Así y todo, no deja de ser una ficción.

**requiere alto compromiso y está disponible en abundancia para toda la humanidad. Además es  sencilla de alcanzar. Aunque parezca un sueño, es neta realidad.


 

Anna Tardos, hija de Emmi Pikler, es una anciana serena y delicada de 84 años que este lunes 28/09/14 fue declarada junto a Agnes Szanto Huésped de Honor por la Legislatura Porteña.

Ahí fue cuando la conocí.

Se trató más bien de un acto formal y fue poco lo que ellas pudieron hablar. Pero no importa.

Aunque sus palabras fueron relevantes, para mi lo más impactante fue otra cosa. Una presencia radiante, como una potente luz dorada, impregnó mi visión cuando Anna comenzó a hablar. Su dulzura, su apacible tono de voz, su paz me conmovieron.

Tomé una hojita de mi anotador y le escribí en inglés unas pocas palabras de agradecimiento… Gracias por la labor que ella y su madre desarrollaron, por la inmensa alegría que experimento cada vez que abro la puerta de La Casa Naranja y me encuentro con los bebés que vienen a jugar con respeto y en libertad… seres humanos tan plenos, tan radiantes y tan apacibles como Anna.

Tomó y leyó la nota. Me miró profundamente a los ojos y asintió con la cabeza con suavidad. Ella sabía perfectamente de lo que le estaba hablando, no me quedan dudas que la misma felicidad que experimento en mi trabajo ella la ha vivido en el suyo con los bebés huérfanos en Loczy.

Entonces Anna me preguntó mi nombre y con una delicadeza absoluta me acarició la cara. Yo lagrimeaba de felicidad y con su permiso la abracé, flexionándome lo más posible para rodearla por la cintura y que ella pudiera abrazarme por los hombros. Me hice pequeña y lloré tranquila.

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Fue tan llamativo lo que pasó que  una de las organizadoras se acercó preguntándome:

– Pero vos, ¿quién sos???

– Solo soy una maestra, le respondí sumamente feliz porque toda mi vida se condensó en un instante en esa respuesta (pero esa es otra historia).

Me consta que mientras más auténtica soy, más libero a mis hijos para que vivan de acuerdo a su propio deseo y no al mío (aunque no siempre me atrevo, me ayuda saberlo).

Los hijos pueden seguir con gran felicidad el camino de su propio corazón si los padres no esperamos que a cambio de nuestras renuncias y sacrificios nos compensen convirtiéndose (al menos ellos) en quienes nosotros quisimos pero no nos atrevimos a ser.

La ÚNICA manera de lograrlo es seguir, nosotros también con gran felicidad, el camino de nuestro propio corazón.

Pero en general es más bien raro que esto suceda en las familias, motivo por el cual (creo yo) en el mundo abundan tanta frustración y tanta violencia.

“Me he preguntado muy profundamente por qué hay ahora tanto interés en todos lados por nuestro trabajo. Creo que esto responde a la gran necesidad de las personas de vivir en un mundo apacible. Los aportes de Pikler y su respeto por la infancia son cada vez más relevantes para lograr este mundo apacible en una sociedad crecientemente compleja y violenta”, dijo Anna en su discurso (la estoy parafraseando, no tenía grabadora pero el concepto fue este).

Si somos criados con el permiso de ser auténticamente nosotros mismos, estaremos en paz.

Nosotros ahora, y nuestros hijos desde pequeños y ya de adultos, todos podremos vivir llenos alegría, vitalidad y fuerza sin importar la edad que tengamos.

Será como si volviésemos a nacer a un mundo de oportunidades con el alborear de cada nuevo día.

Porque da gusto vivir la vida cuando ya no necesitamos pedir permiso, estallar en rebeldía ni disculparnos con nadie para convertirnos en quienes estamos destinados a ser: nosotros mismos.

Eso, solo y simplemente eso, es lo que Pikler regaló al mundo. Y funciona.

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1 Comment

  1. Hermosa experiencia y muy bellamente relatada, gracias! Pensar que mi hija quería ser maestra jardinera y yo le dije: “Ni loca, te vas a morir de hambre!” Craso error!

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