Cuatro claves para la autonomía en de bebés y niños.

© Lic. Fernanda Raiti – La Casa Naranja

Fernanda, hola ¿cómo estás?

Quería preguntarte si podrías sugerirme alguna bibliografía sobre juegos con nenes pequeños. Quedaría super agradecida porque durante las tardes estoy con mi bebé de 18 meses y, sinceramente, se me agotan las ideas y me cuesta encontrar cosas para entretenernos. Más allá de que estoy tratando de que se despegue un poco de mí y logre de a poco más autonomía, es importante que pueda proponerle algunos juegos para hacer juntos y otros para él… vos me dirás si se te ocurre algo.

Un beso grande.

Ariadna

Hola Ari, ¿como estás?

¡Quiero confesarte que tus mismas preguntas me las he hecho yo muchas veces! Antes de gestar a mi primer hijo yo era una mujer activa, con iniciativa, independiente, autónoma, con personalidad… y hasta tenía tiempo para la coquetería (también me depilaba en invierno e iba a hacerme las manos a la peluquería).

Pero inesperadamente ese chiquitín envuelto en pañales llega a nuestras vidas se convierte inmediatamente en el centro del universo del cual gira toda nuestra existencia (¿cuántas veces decimos “es un solcito”?)…

... si sabrán del tema del "bebé solcito" los de la tele!

Muchas mamás pasamos por una etapa que podría llamarse “satelital”, en la cual toda nuestra vida se orienta hacia nuestro bebé como si se tratara del resultado de una intensa atracción gravitacional.

Sólo paulatinamente (por lo general después de un buen tiempo) empezamos a percibir la gran necesidad tomar aire y de marcar una distancia con el deseo de recuperar nuestra identidad más completa, rescatando a la mujer que éramos antes de este singular episodio cósmico.

Entonces nos decimos: quisiera que este amado hijito se despegue un poco de mí y sea más autónomo. (No solo lo sentís vos Ari, ¡nos pasa a la gran mayoría!).

Pero tal vez lo que verdaderamente queremos decir es “quisiera despegarme un poco de él y tener más autonomía”.

¡Qué interesante! ¿Verdad?

Nosotras hemos establecido, sin notarlo, un modo de relación que estaba basado en la dependencia y llega un momento en que esto deja de ser placentero y se vuelve una carga. ¡Es el momento de crecer! Pero si seguimos creyendo que somos nosotras las que debemos organizar y coordinar sus juegos, continuaremos afianzando la idea de un bebé/niño que depende del adulto para todo, y esto nos aleja de la autonomía que deseamos ganar. Es un poco paradojal…

Llegadas a este punto tal vez algo de teoría nos puede ayudar. Yo estoy convencida que más allá de las toneladas de libros que podemos leer, a la hora de ser madres cada una debe hacer su propio camino. Incluso a veces tanta teoría puede dificultar el recorrido y hacer que lo que es sencillo se vuelva confuso. Pero existen ciertos aportes teóricos, a mi modo de ver realmente singulares, que rebosan de sentido común y de un gran caudal de sabiduría así como de un importante aval científico. Ese es, a mi modo de ver, el caso de los aportes que realizó Emmi Pikler acerca de la importancia del juego libre y autodirigido en niños pequeños, que es lo que favorecemos desde La Casa Naranja. El maravilloso secreto que ofrece Pikler está en:

  • Mirar al niño.
    Consiste en cambiar la mirada que tenemos los adultos sobre los bebés como seres dependientes e incapaces. Pikler descubrió que los bebés desde el mismo nacimiento son personas plenas, competentes, que demuestran una eficaz intencionalidad y poseen la capacidad innata para desarrollarse de manera plena si cuentan con el contexto adecuado. Lo que precisan es de la mirada de confianza del adulto que sostiene respetuosamente este proceso y brinda toda su atención al bebé en los momentos de cuidado (cambiado de ropa y pañales, baños, limpieza, alimentación).
  • Dar lugar.
    Propone comprender que los bebés no necesitan que un adulto los estimule ni los ayude para desarrollarse normalmente. Lo que precisan es un ambiente físico y un vínculo seguros donde puedan “autoestimularse” en libertad. Los juguetes también deben “dar lugar”: no hacer todo por el niño, no atiborrar el espacio y no ser sofisticados. Por sobre todo, dar lugar es saber esperar.
cuarto de juego en Loczy, Casa Cuna que dirigió Pikler
  • Asombrase.
    Los dos pasos anteriores llevan al adulto a comprender que los bebés están llenos de iniciativa y que si se les da el espacio necesario pueden desarrollar asombrosas competencias: autonomía, creatividad, autoconfianza, concentración, cooperación y contento entre las más destacadas.

 

  • Respetar.
    Descubrir todo lo anterior permite al adulto tratar al bebé con auténtico respeto, pudiendo valorar sus iniciativas sin interrumirlos y ganar una gran comunicación con ellos.

Para lograr estos objetivos es fundamental brindarle al bebé un espacio de juego seguro, donde no haga falta tener que estarle “encima” para que no se lastime y para que sienta la verdadera libertad de explorar y desarrollarse tanto interna como externamente (en el sentido de la constitución de su ser interno y de su motricidad y socialización).

Estamos muy acostumbrados a la idea de que a los chicos hay que estimularlos y yo creo que uno de los aportes más significativos de Pikler es que descubrió que los bebés tienen todos los dones y capacidades necesarias para estimularse de manera muy integral y armoniosa si encuentran el contexto adecuado.

En mi caso personal, conocí estos aportes cuando mis hijos ya no eran bebés sino un poco más grandes. Sin embargo, puse en práctica las ideas y me sorprendieron especialmente dos cosas: que yo los interrumpía en sus iniciativas permanentemente sin notarlo y que “saber esperar” a un niño es difícil pero maravilloso. Puede que a nosotras “se nos agoten las ideas”, ¡pero nunca vi un chico al que le pase eso! Vale la pena intentarlo.

Así que te propongo que ensayes estas claves y luego me cuentes.
Te mando un cariño y gracias por tu consulta,

Fer

¡Me encantan tus comentarios! Por favor, compartí el tuyo y enriquecé esta conversación con tus aportes, experiencias e ideas.

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4 Comments

  1. Hola querida Fer! Queria contarte que a mi tambien me pasó algo parecido, sobretodo con mi hijo mayor (hoy tiene 10). En aquella epoca todo lo que podias leer y te sugerian era la estimulacion del niño. Esto verdaderamente creo una dependencia muy grande de él con nosotros -adultos y papás-. Estuvo como hijo único 3 años y 1/2. Con mis otros dos hijos por una cuestión de tiempos y de que “ya tenia otro niño para mirar y jugar – su hermano-” no pude hacer lo mismo. Y resultó que Maxi y Fran son mucho más seguros, independientes y autonomos en todo (pero sobretodo en el tema del juego). Que ,gracias a vos, aprendi a no interrumpir más su preciado mundo mágico.Te cuento una situación que lo ejemplifica muy bien. Nosotros vamos , cuando el tiempo lo permite, a hacer pic-nic y pasar la tarde a un parque que tenemos cerca de casa. Los chiquitos juegan en los juegos, juntan ramitas, andan en bici, exploran ….y como mucho me piden que juegue a las escondidas (cosa que nos divierte mucho a todos). Agus lleva su pelota y las paletas. Y a lo único que quiere jugar es a la pelota con el Papá o a las paletas con cualquiera de nosotros dos. Y si no jugamos con él , se sienta o se para al lado tuyo “aburrido”. Ahora la gran pregunta, como podria ayudar a Agus a lograr ser más independiente??
    Besos y cariños, Marty

    1. Querida Marti, ¡esa SI QUE ES LA GRAN PREGUNTA!! Primero que nada quería decirte que todos los chicos son diferentes, que tal vez en la personalidad de Agus haya una tendencia a depender un poco más del adulto para jugar y esto no está ni bien ni mal. Pero a mi modo de ver, reflexionando sobre tu pregunta, quiero decirte que cuando los chicos ya crecieron con la idea de que “alguien” más los tiene que ayudar a entretenerse (preferentemente su mamá y papá) lo que se puede hacer es acompañarlo a desandar esa asociación de ideas en su sistema y acompañarlo a que descubra otros caminos alternativos para la secuencia de pensamientos del tipo:
      1. Aha!
      2. Estoy aburrido,
      3. Busco a mamá para que me entretenga. (a veces si mamá no está disponible esto se reemplaza fácilmente por la tele y la compu).

      El tipo nuevo de recorrido de las ideas que sería ideal para él es:
      1. Aha!
      2. Tengo tiempo libre.
      3. Aprovecho a hacer alguna de las cosas que me interesan.

      Como los chicos no han perdido su capacidad de juego autónomo sino que simplemente no la tienen tan desarrollada, se trata de cambiar la forma de relacionarse con ellos devolviéndoles el protagonismo en sus juegos. Esto puede ser hecho de un modo casi directo con chicos más pequeños, sin reflexionar tanto. Pero como Agus ya es más grande, lo que se puede hacer es algo que para su edad resulta un modo válido de generar nuevas ideas: el diálogo.
      Se me ocurre que podés proponerle hacer un juego que se llame “Torbellino de Diversión”. Se sientan juntos vos y él dicen en voz alta y escriben cosas que les interesen, les diviertan o tengan ganas de hacer, sea lo que sea. Es importante no reprimir ninguna idea, aunque sea delirante. Cada uno escribe con un color diferente. Luego, ven qué cosas pusieron en común y qué cosas le interesa a cada uno por separado. Proponele que recorte las distintas cosas que escribió y que las pegue en una lista en un orden de prioridades. Vos hacés lo mismo con las tuyas. Las que tienen en común las pegan en un tercer listado. Todo eso puede ir a parar a la heladera (quiero decir a la puerta de la heladera, no “al freezer”!). A partir de ese momento, acordá con él que destinarán un tiempo de la semana para que puedan hacer cada uno alguna de las actividades que les gusta, uno junto al otro, pero cada uno haciendo lo suyo. El puede practicar patineta mientras vos hacés el jardín. El puede inventar una máquina con material de reciclado mientras vos lees un rato a su lado. El puede jugar a la pelota paleta contra la pared, mientras vos escribís una carta. El puede jugar a lo que juegan sus hermanos todos en armonía y siendo super creativos ¡¡mientras vos estás en la gloria!!

      Después de estas actividades, podés verbalizar lo que lo viste hacer (lo más objetivamente posible, sin emitir ningún juicio aunque parezca positivo hacerlo) y explicarle cómo te sentis vos al respecto. Es importante seguir esta parte bastante literalmete, ya que tiene que ver con una estrategia de la comunicación no violenta y de PNL. Por ejemplo: “Veo que armaste un astronauta con las cajas del reciclado. Cuando creás tus propios juegos siento admiración”.

      Cuando vos tengas tiempo, hagan también juntos algunas de las actividades que realmente le dan placer a los dos hacer, como cocinar los ñoquis del 29. Esto irá reafirmando un nuevo recorrido interno en su sistema interno. El mensaje principal es: “Cuando hago algo con mamá es porque a los dos nos encanta hacerlo juntos y nos divierte compartir la actividad. Cuando tengo tiempo libre puedo divertirme mucho porque tengo muchos intereses que me pertenecen a mí exclusivamente”.

      Si al principio no sabe bien qué hacer con su tiempo y vuelve a pedirte que juegues con él, podés sugerirle que busque en la lista de intereses que tienen pegada en la heladera. Es bueno que esta lista se vaya renovando de vez en cuando, para mantener la vigencia de los intereses.

      Esta tarea puede llevar tiempo y hay que tener claro cuál es el objetivo que queremos alcanzar, que no es tan evidente para él pero que nosotras no tenemos que perder de vista: que ejercite su capacidad autónoma de jugar y crear.
      De este modo, irá almacenando en su experiencia de vida estos valores que sin dudas también le aportarán mayor autoconfianza y satisfacción. Nuevamente, todos los chicos son diferentes y está bien que así sea. Algunos chicos tienen una tendencia mayor a ser autónomos e independientes que otros, lo cual es esperable. Pero todos, todos los chicos, pueden desarrollar su propio potencial de autonomía de un modo armonioso si el contexto es favorable. Finalmente, de un modo ideal, sería el deseo de todos que en el recorrido interno de los chicos se pueda leer algo así como:

      1. Ahá!
      2. Soy plenamente yo mismo.
      3. Tengo tiempo para ser feliz.

      ¡Espero que te sirva y contame cómo te fue!
      Beso,
      Fer

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